Al llegar a los 40, 50 o incluso 60 años, muchas mujeres se encuentran en una encrucijada respecto a su rutina de maquillaje. Es común querer replicar los mismos looks que eran tendencia en décadas anteriores. Sin embargo, la piel y el rostro cambian con el tiempo, y lo que funcionaba antes puede no ser el enfoque más favorecedor ahora. La maquilladora Beatriz Bernal destaca algunos ajustes clave que pueden marcar una gran diferencia en la forma en que nos presentamos al mundo.
La raya del ojo: de rígida a suave
Un error habitual después de los 40 es optar por una línea del ojo dura y perfectamente delineada, especialmente en la línea de agua inferior. Este estilo puede endurecer la mirada y resaltar signos de cansancio. En lugar de esto, Bernal sugiere suavizar el trazo por fuera de la línea de pestañas y difuminarlo ligeramente. Este simple cambio abrirá la mirada, creando un efecto más fresco y favorecedor.

Dueto de rubores: más frescura y dimensión
Otro consejo valioso es el uso de dos rubores en lugar de uno. Esta técnica, aunque pueda parecer trivial, añade una tonalidad única y fresca al rostro. Aplicar un tono más claro debajo del pómulo y uno más oscuro cerca de la sien, siempre difuminando hacia afuera, ayuda a crear el efecto lifting que muchas buscan. La frescura que se obtiene revitaliza la apariencia general, sumando un aire juvenil.
Conectando labios y mejillas: el total look en belleza
Un truco interesante es utilizar el rubor más oscuro en el centro de los labios. Este gesto no solo unifica el maquillaje, sino que también realza la armonía del rostro. Los looks monocromáticos están en auge, y esta estrategia los lleva al siguiente nivel, haciendo que el rostro se vea más coherente y pulido sin caer en excesos.

Iluminar con precisión: el toque final
Por último, uno de los aspectos más impactantes en el maquillaje es saber iluminar estratégicamente. Bernal aconseja centrar la atención en el lagrimal y el arco de la ceja, utilizando iluminadores que no contengan partículas brillantes. En su lugar, se recomiendan acabados satinados o cremosos que aportan luminosidad sin marcar líneas de expresión. Este detalle puede transformar la mirada, aportando una frescura rejuvenecedora.
Un punto crucial que destaca Bernal es que el mejor maquillaje no es aquel que intenta borrar el paso del tiempo, sino el que permite abrazar cada etapa de la vida con inteligencia y elegancia. La filosofía “menos es más” cobra sentido al enfocarnos en la calidad y la técnica, en lugar de la cantidad. Cada gesto debe tener propósito: suavizar, unificar y realzar, permitiendo que la belleza natural se exprese plenamente.

























